sábado, 13 de junio de 2026

San Antonio "el guindero"

 Hoy es 13 de junio, San Antonio de Padua, el Santo casadero o calabacero como lo conocemos en el lugar, o por lo menos tengo yo eso en mi cabeza, cosas escuchadas en días de desgrane o de campo en las cuadrillas cuando había mas charla entre las gentes, ahora tenemos de mas con el móvil, se habla menos.

Encontré una entrada en Facebook que me gusto y la he cogido prestada para no desvirtuar el mismo, merece la pena leerlo así, tal como lo han subido.

La pagina se llama Devoción a San Antonio de Padua 

y dice así:

San Antonio y las Guindas 

Es costumbre muy popular adornar la imagen de San Antonio con guindas y, al finalizar la Eucaristía o la procesión del Santo, repartirlas entre los fieles y devotos.

 Esta tradición tiene su origen en un antiguo milagro atribuido a San Antonio, conocido desde entonces como San Antonio el Guindero. 

Corría el siglo XVIII cuando los huertos de la ribera del Manzanares producían abundantes cosechas de guindas. Un hortelano, satisfecho por la excelente recolección de aquel año, cargó las alforjas de su burro y emprendió camino hacia la Plaza Mayor para vender su mercancía.

La noche anterior había llovido copiosamente y la empinada Cuesta de la Vega estaba cubierta de barro. En mitad del ascenso, el burro resbaló y cayó al suelo. Las alforjas se abrieron y las guindas quedaron esparcidas y aplastadas por el camino.

Desolado, el hortelano se sentó sobre una piedra y comenzó a llorar, convencido de que había perdido el fruto de todo su trabajo.

En aquel momento pasó junto a él un humilde fraile de hábito marrón.

—¿Qué le sucede, buen hombre? —preguntó.

—Ya lo ve. He perdido toda mi cosecha. Las guindas están echadas a perder.

El fraile le respondió serenamente:

—Confíe en Dios. Levántese y ayúdeme a recogerlas. Verá cómo aún podemos salvar muchas.

Ambos comenzaron a recoger las frutas y, al llenar nuevamente las alforjas, el hortelano quedó maravillado. Las guindas aparecían intactas, brillantes y frescas, como si nunca hubieran caído al barro.

—¿Cómo es posible? —preguntó asombrado.

—Ya le dije que había que confiar en Dios.

Agradecido, el hombre quiso recompensarle.

—¿Cómo puedo agradecerle lo que ha hecho?

—Si le sobran algunas guindas después del mercado, tráigamelas. Vivo en la iglesia de San Nicolás.

El hortelano acudió al mercado y vendió toda su mercancía en poco tiempo. Reservó una cesta de las mejores guindas y se dirigió a la iglesia de San Nicolás para entregárselas al fraile.

Al llegar, el párroco le informó de que allí no vivía ningún monje.

Extrañado, el hombre recorrió el templo buscando a su benefactor. De pronto, en una capilla, vio un cuadro que le dejó sin palabras. Señalándolo emocionado, exclamó:

—¡Ese es! ¡Ese es el monje que me ayudó!

El sacerdote sonrió y respondió:

—Amigo mío, ese es San Antonio.

Desde entonces, la devoción popular comenzó a llamar al santo San Antonio el Guindero, y nació la hermosa costumbre de ofrecer y repartir guindas durante su fiesta, como recuerdo de aquel milagro y como símbolo de la confianza en la providencia de Dios.

 Por eso, todavía hoy, las guindas acompañan la celebración de San Antonio y se distribuyen entre los fieles como signo de bendición, gratitud y protección. 

Espero os haya gustado lo mismo que a mi.

¡¡¡Viva San Antonio!!!

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